Hna. Nathalia Yorleny Reyes Beltrán

Sigue al Señor en nuestra Congregación!

LA VOCACIÓN: FRUTO DE LA MISERICORDIA DE DIOS


“No temas, yo te he llamado por tu nombre y Tú eres mía” Is 43, 1


Siendo muy pequeña empecé con la idea de ser religiosa. No sé si es legítimo hablar de vocación en este momento. Pienso que se trataba normalmente del deseo o del sueño de una niña, una pequeña niña que tenía una madre llena de un inmenso amor a Dios, una niña que tenía dos tías religiosas Dominicas de Nazareth y que en vacaciones andaba para todos los sitios con ellas. En realidad, las admiraba bastante: siempre alegres, con un puro y gran amor a Dios, preocupadas por los problemas de los demás, etc.


Después de esta primera etapa, que puedo llamar "infancia vocacional", pienso que mi deseo de ser religiosa tomó más fuerza cuando, por circunstancias de la vida, empecé a estudiar en un colegio de la misma Congregación de mis tías ubicado en Bogotá (Colombia). Allí, la caridad de las hermanas me flechó, me cuestionó, su preocupación, sus detalles, su alegría me invitó a decir ¿Por quién lo hacen? y ¿Por qué yo no?


Desde los 14 años empecé con un enorme deseo de serlo, más serio de lo que se puede pensar e intentaba cultivarlo. Las experiencias personales que había vivido en mi infancia y adolescencia habían sido muy fuertes y dolorosas y aunque todo iba mejorando y contaba con el apoyo y cariño de las personas que estaban a mi alrededor, mi corazón experimentaba un enorme vacío que sólo lo pudo llenar y saciar el Señor con el paso de los años y el proceso de maduración de mi fe y amor a Él. Sólo Él, logró lo que nadie…


Según terminé mi bachillerato, al mes siguiente, ingresé feliz y dichosa al postulantado con tan sólo 17 años y durante éstos 7 años me he sentido feliz, aún en medio de las dificultades, me he sentido amada por Dios y regocijada por su inmensa misericordia, que cada vez me asombra y sorprende más.


¡Gracias Jesús por elegirme! ¡Gracias porque mi vocación es un fruto de tu misericordia divina!

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Comentarios: 3
  • #1

    Nalú (jueves, 08 noviembre 2012 16:41)

    Excelente vocación. Digna de admirar y cuestionar todo lo que hacemos a diario personas como yo, del común. Felicitaciones hermanita Nathalia.

  • #2

    denisse (sábado, 29 marzo 2014 21:39)

    hermoso testimonio de valentia amor y verdadera vocacion que mi amado jesus le regalo es ustd unos d mis ejemplos para poder decirle ese si tambien al señor y sobre todo en ese amor que se vive y se rocoje dia a dia en nazareth por eso dih¿go hoy si a domincas de nazareth yo quiero ser una verdadera dominica de nazareth como ustd lo es mil bendiciones

  • #3

    Patricia Cm. (martes, 28 marzo 2017 22:00)

    Dios le siga concediendo fortaleza, perseverancia y alegría en su vocación como religiosa. Los testimonios vocacionales son medios eficaces en los procesos de evangelización y pastoral vocacional, ya que dan a conocer las diferentes maneras y medios de los que Dios se vale para hacer su llamado a reservar el corazón solo para Èl; y también reflejan la alegría que genera esa opción de vida cristiana.

    Seria hermoso que compartieran otros testimonios de hermanas Dominicas de Nazareth, escritos o en formato de video (youtobe)

    Dios les bendiga.

Hna. Livia Isabel Rivera

Mi vida: Un proyecto en las manos de Dios.

 

La vocación religiosa es una llamada al amor, ese amor que se parte y comparte para dar vida al mundo. Entrega, generosidad.

La vocación es como una planta que Dios te regala y confía, cuando Dios elige a alguien, poco a poco lo implica en una exigencia de la entrega al servicio del amor.

 

Necesitamos estar equipados con buena salud física y mental. Es decir, posibilidad real de afrontar las exigencias de una misión. Un día como hoy después de haber culminado el bachillerato ¡me pregunté! ¿Qué haré?... quería ser policía, artista, periodista e incluso pensé, ir al extranjero a trabajar, y así ser alguien en la vida... Pero nadie,  ni yo misma,  sabía los planes que Dios tenía trazados sobre mí.

 

Me invitaron a una celebración la primera misa de un fraile Franciscano de mi pueblo Chaguarpamba, provincia de Loja, Ecuador. Su testimonio y sus palabras me animaron a mirar hacia otra dirección y abrir la puerta del corazón para responder a Dios a esta invitación.

 

Decidí escribir una carta a mi hermana que es religiosa de esta misma congregación, para que me explicara a breves rasgos lo que era esta experiencia de vida… y todo lo contrario a lo que esperaba no me invitó a la congregación, sino que me dijo que yo no servia para ser religiosa. Esto me hizo tomar postura y ver más allá, esto no era un juego, era optar en mi vida por algo exigente y hermoso y entonces sentía más fuerte que nunca la llamada del Señor Jesús.  

 

El 11 de febrero del año 2001 ingresé a la congregación de Hermanas Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth y el 17 de agosto del año 2002 vestía el hábito dominicano como novicia. El 24 de junio del 2004 realicé mi primera profesión temporal, después de haber conocido el carisma y la espiritualidad de la congregación, Dios me pide salir de mis fronteras y dirigirme al vecino país de Colombia donde residí en la casa de formación de Subachoque por un año, luego Dios por medio de mis superiores me envía a Europa lugar de destino España, donde resido por varios años y el 11 de julio del 2010 ratifiqué mi entrega al señor realizando la profesión perpetua.

 

La vida religiosa es la aventura apasionante de arriesgarse a vivir el evangelio, la grandeza de saberse elegida por Dios para ser testigo de Jesucristo. Es anticipar la vida eterna, pasando por esta tierra haciendo el bien.

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Lety (jueves, 11 septiembre 2014 06:55)

    Gracias por su testimonio. Hermoso. Dios bendiga la vocaion de cada una de ustedes y me permita ser una de ustedes un dia si Dios me lo permite

  • #2

    Patricia Cm. (martes, 28 marzo 2017 22:18)

    Que interesante!
    Que bueno es saber como Dios se vale de algunas dificultades No para opacar el llamado sino por el contrario, sacudir y retar al corazón para que aspire a un amor grande y genuino. Dar gracias a Dios por los obstáculos que pulen el alma y la acercan al camino y encuentro con Èl.
    Como dice Fray Nelson Medina (O,P) "Todos somos vidas en construcción"
    Bendiciones.

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